martes, 4 de septiembre de 2012

"DESDE QUE ERA NIÑO ME HE PREGUNTADO QUÉ PASABA CON ESAS PAREJAS TAN DULCES Y ENAMORADAS DESPUÉS DE LA BODA" ENTREVISTA A ANTONIO GARCÍA CÁNOVAS

García Cánovas retoma los protagonistas de Los frutos prohibidos, novela ganadora del X Premio Odisea de Literatura, para desvelarnos que el camino del amor es una ardua tarea en la que los intereses de los demás pueden dar al traste al más puro de los sentimientos. Y lo hace a través de una historia sumamente bella sin olvidar que el amor, a veces, también duele. García Cánovas lo consigue desnudando el alma de los personajes para mostrarnos su fragilidad y desconcierto.



Para tu segunda novela retomas la historia de Fernando y Andrés ¿se quedaron muchas cosas en el tintero en Los frutos prohibidos?En Los frutos prohibidos se contaba todo lo necesario para comprender esa tierna y al tiempo difícil historia de amor entre dos hombres, pero quedaron algunos personajes apenas dibujados como el muchacho que Fernando conoce en el gimnasio y que en Caminos opuestos se convierte en casi protagonista y además desencadena algunos de los acontecimientos que afectan a la relación de Andrés y Fernando. 
Por otro lado, escuchando los finales felices de los cuentos de hadas, siempre, desde que era niño, me he preguntado qué pasaba con esas parejas tan dulces y enamoradas después de la boda. Eso es algo que intento responder en esta segunda parte. 

¿Tenías ya pensada esta historia cuando escribiste Los frutos prohibidos o surgió una vez finalizada?
 Esté claro que el final de la novela quedó abierto a muchas sugerencias y fue el propio director de Editorial Odisea el que me animó a poner por escrito esas ideas que rondaban por mi cabeza. 


Si Los frutos prohibidos fue la historia de un enamoramiento, ¿es Caminos opuestos la historia de un desenamoramiento?
 No creo que se trate de un desenamoramiento, al menos por parte de Andrés. Lo que sí descubriremos es la verdadera naturaleza de Fernando y su sometimiento a prejuicios y deseos que no se desvelaban cuando vivía su idilio prohibido en un país muy lejano del suyo propio.



"Siempre, desde que era niño, me he preguntado qué pasaba con esas parejas tan dulces y enamoradas después de la boda." 
 ¿Crees en el amor eterno o eres más incrédulo y consideras que todo el amor tiene fecha de caducidad?
 Claro que todo amor se acaba, es más, me resulta difícil creer que exista el amor como, a veces, se idealiza en las novelas. Pero sería hermoso que esa especie de sueño de la unión perfecta entre cuerpos y espíritus pudiera realizarse alguna vez en la vida. Sinceramente, creo más en la fuerza del sexo como atracción de los seres que en un amor que nadie ha visto y del que nadie sabe realmente definir su naturaleza. 


¿El amor duele a veces, o para que sea amor siempre tiene que doler?
 Lo que de verdad duele es no poder alcanzar la satisfacción plena con el objeto de tu deseo. 


El final de Los frutos prohibidos sorprendió a muchos lectores, los que se siguen preguntando qué pasó con el padre, ¿desvelas algo del padre en esta segunda parte? ¿Nos sorprenderás con una nueva historia, ésta vez del padre de la familia?
 Esta segunda parte ocurre muy lejos de la tierra natal de Andrés, así que apenas se hacen alusiones a los padres: alguna carta, un informe sobre cómo se las arregla sin su hijo en la finca y poco más. Si la vida me da tiempo y salud, es posible que surja una tercera entrega en la que retome, sin olvidar por supuesto a Andrés, esta figura que me es muy querida, porque el señor Anselmo representa para mí a ese hombre humilde, comprensivo y lleno de amor fraternal que quisiera tener por el resto de mi vida.


Aunque juntas tengan una continuidad, las dos novelas pueden disfrutarse por separado. ¿De cuál de ellas te sientes más orgulloso o satisfecho?
 Difícil pregunta. Las dos son por igual fruto de mis deseos. La segunda, sin embargo, ha sido más complicada de redactar, ya que ocurre en lugares que no conozco tan a fondo como esta isla y he necesitado mucha documentación y asesoramiento sobre nombres y lugares. Por suerte he contado con un buen amigo suizo, Ulises, que ha evitado que cometiera errores al evocar mis recuerdos de su país. 


Se nota en tu elaborada narrativa que vienes del mundo del teatro y de la poesía, ¿tienes algún proyecto en estos dos mundos?Vivo del teatro, aunque parezca increíble en estos tiempos, y trabajo por tanto dirigiendo espectáculos. Además he escrito algunas obras como Noche de lobos, una historia de terrorismo y redención, y una trilogía ya estrenada, pero que espero poder publicar pronto con el título Trilogía de los poetas asesinados por Franco y que incluye las obras Federico, amor y muerte, Sino estelas en la mar y Último tren hacia el olvido. 

En 2009 recibiste el premio Odisea de Literatura, tras estos tres años puedes hacer balance de lo que ha supuesto recibir un Premio como este.
 Primero un espaldarazo a mis inquietudes literarias. El Premio ha hecho que se empiece a conocer mi trabajo en buena parte de España después de muchos, muchísimos años de silencio, y según creo, en otros lugares de habla hispana. En segundo lugar, un estímulo y mucho ánimo para seguir y creer un poco en mí mismo, cosa que no ocurría demasiado. Y en tercero, aunque suene un poco a soberbia, una lección para algunas personillas que no solo no creyeron en mí, sino que trataron de oscurecerme en su propio provecho, anunciando que no pasaría en la vida de ser una pobre rata de oficina. Por el contrario, desde aquí tengo que agradecer muy sinceramente, la confianza que desde el principio han puesto en mí los hombres de Editorial Odisea.

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